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La semana pasada, tras la eliminación de Francia del Mundial y la mala actuación de Inglaterra, recibí un correo electrónico de una firma de consultores de mánagement. El problema, explicaba, era que los entrenadores del equipo actuaban como hombres. Si se hubieran comportado un poco más como mujeres, buscando el consenso y preocupándose, es posible que hubieran convencido a sus jugadores para meter la pelota en la red con bastante más frecuencia.
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La semana pasada, mantenía una educada conversación con una vecina cuando, sin venir a cuento, exclamó: "Realmente, odio a BP". Esta mujer es británica, de mediana edad, clase media y, hasta donde yo sé, no tiene una opinión firme sobre nada excepto, tal vez, que el profesor de física de su hijo no es lo bastante bueno. Pero ella, como otra mucha gente normal, parece haberse visto influida por la oleada de ira hacia las empresas que se está extendiendo aún más y de forma más descontrolada que la marea negra. No son sólo los estadounidenses, los votantes de izquierdas o los defensores del medio ambiente los que odian en la actualidad a BP. El resto también parece hacerlo.
El lunes pasado, en el Festival Floral de Chelsea pude ver a un ex primer ministro británico hablando con el ex director de un periódico. El primero mostraba una amplia sonrisa y parecía entusiasmado con el encuentro. No obstante, cinco minutos antes alguien le había oído pronunciar un despectivo comentario sobre el ex director; es más, se le pudo ver intentándose ocultar detrás de una maceta gigante para evitar coincidir con él. ¿Qué nos dice esta actitud del político, que es un falso impresentable o que cuenta con la exquisita educación que se le exige a una persona de su talla?
Ray Dalio se engaña, es insensible, emocionalmente ignorante, simplista, increíblemente petulante, raro y está del todo equivocado. Duras palabras, pero sé que el fundador de uno de los hedge fund más prósperos las recibirá con agrado.
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Cuando llegó el mensaje, me encontraba haciendo cola para comprar un café y una napolitana de chocolate. Lo envió un miembro del equipo de conformidad de la empresa de la que soy consejera no ejecutiva, y comenzaba con un inocente: "Hola Lucy". Al seguir leyendo, me encontré con una frase que no sólo me arruinó el día sino que también tuvo un efecto seriamente desmoralizador en las cuatro semanas que han pasado desde entonces. La Autoridad de Servicios Financieros (FSA), decía, ha solicitado una entrevista de 90 minutos conmigo en tal fecha.
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"¿Por qué tiene una visión tan negativa sobre las mujeres trabajadoras", me preguntó la locutora de radio. "Bueno", respondí. "No la tengo". Señaló que acababa de escribir una novela en la que la economista jefe de una importante petrolera dedica más tiempo a preocuparse por el colega del que se ha enamorado que por sus últimas previsiones sobre el precio del petróleo o por las perspectivas para las energías renovables. "No hay duda de que eso no da una visión positiva sobre la mujer trabajadora", señaló.
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¿Es Fabrice Tourre uno de los hombres más presuntuosos del mundo o este operador de bonos de Goldman Sachs es un tipo plenamente consciente de sus debilidades? Después de leer los correos electrónicos que enviaba a su novia, en los que se refiere a sí mismo como el "Fabuloso Fab", su perfil parece encajar más bien con la primera hipótesis.
¿Aprenderemos algo de esta experiencia? ¿Llegaremos a la conclusión de que las oficinas pueden funcionar mejor con menos gente, con menos reuniones, conferencias y viajes de negocios?
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Una mañana de hace 25 años me presenté a trabajar por primera vez en el Financial Times hecha un manojo de nervios. Me acuerdo hasta de la ropa que llevaba: una falda de pana naranja. Hoy, al igual que casi todos los días del último cuarto de siglo, acudiré al trabajo, eso sí, mucho más tranquila.
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No sirve de nada intentar controlar tu reputación en Internet. Es demasiado tarde. Los secretos han salido a la luz en la red y cualquiera puede decir lo que desee sobre una empresa o una persona sin miedo a que se le exijan daños y perjuicios.
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Espejo, espejito, ¿quién de todos ellos tiene más éxito? Al comienzo de su nuevo libro, Maria Bartiromo, la periodista financiera y presentadora de televisión, se describe mirando su propio reflejo en el espejo y preguntando: "Maria, ¿has triunfado?" La respuesta es larga: 293 páginas en las que cavila sobre su propia vida y la de personas famosas a las que ha entrevistado y enumera "Las 10 reglas del éxito duradero".
El miércoles pasado durante el desayuno, mi generación descubrió que su tiempo se ha acabado. Descubrí la noticia el martes al leerla en Internet pero, como la mayoría de la gente de mi edad, nunca me creo algo por completo hasta que lo veo impreso en una hoja de papel grande, que el chico que reparte los periódicos ha dejado a mi puerta. Así que en mi caso, hasta la mañana del miércoles no me di cuenta de que el mundo pertenece ahora a la generación posterior a la mía.
En el rock, la muerte puede ser algo inteligente, mientras que en los negocios fallecer a mitad de carrera pocas veces resulta una buena idea.
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Hace un tiempo, durante un almuerzo con el consejero delegado de una conocida empresa de la City de Londres, este me dijo que cada vez que va a una cena, da su opinión a los invitados que le rodean sobre la calidad de su conversación.
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En junio de 2003, un vicepresidente de JPMorgan envió un correo electrónico a todos los amos del universo que trabajaban para él. "Dedicad tiempo a llamar a los clientes para decirles que los queréis... no olvidarán la llamada", escribió.
Los lemas tradicionales son buenos no sólo porque sean breves, sino porque proceden de una época anterior a las sensiblerías y las sandeces.
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De tarde en tarde, alguien dice algo que es tan original, atrevido y auténtico que hace que (parafraseando la canción de Dr Hook) tus pantalones quieran levantarse y bailar. Hace una semana, Financial Times pidió a John Moulton que nombrase los tres principales rasgos de su carácter.
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Hace algunas semanas escribí lo que pensaba que era la guía definitiva sobre cómo despedir un correo electrónico, y confiaba en haber aparcado el tema. Sin embargo, acabo de recibir un mensaje que me ha dado que pensar. Estaba firmado "Audere est Facere" –que es el lema del club de fútbol Tottenham Hotspur y que significa "Querer es Poder"–.
La mayoría de nosotros no necesitamos recordar apenas nada para hacer nuestro trabajo, porque casi toda la información está al alcance de un clic.
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