CINE DE GESTIÓN

'Un profeta', lecciones desde la cárcel

Publicado el 18-05-2010 por Ignacio García de Leániz Caprile. Consultor de comportamiento humano

Con 19 años, Malik El Djebena ingresa con una condena de seis años en una prisión francesa: de la nada llegará a lo más alto en la prisión de Brécourt, observando el mecanismo de los grupos humanos y sus códigos de conducta.

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El universo carcelario siempre ha aportado mucho al estudio de la condición humana y la configuración y dinámica de los grupos sociales en las organizaciones. Por eso, cuando el cine francés nos depara una película al respecto tan sólida y realista como esta obra de Jacques Audiard y tan laureada, podemos sacar enseñanzas bien valiosas para nuestro conocimiento de la realidad empresarial, salvando las distancias necesarias. Claro que hay que advertir al espectador que la película no escatima imágenes a la hora de mostrar la violencia y sordidez de la vida carcelaria, con planos y secuencias estremecedoras que pueden herir más de una sensibilidad.

Así, de las vicisitudes del joven protagonista franco-árabe Malik - extraordinariamente interpretado por Tahar Rahim- que no sabe leer ni escribir y que vivía como un lobo estepario en el mundo extramuros hasta que ingresa en la cárcel de Brécourt, podemos extraer las siguientes consecuencias:

El poder de la organización informal frente a la organización oficial
Si algo aprende en seguida Malik es que en toda organización- y sobre todo en un presidio- el organigrama y jerarquía oficiales, no coinciden con ese mundo invisible pero bien real que constituye lo que la sociología industrial denomina "la organización informal", (informal organization) formada por un tupido haz de relaciones humanas surgidas espontáneamente. Y esa realidad informal puede determinar en gran medida la marcha negativa o positiva de toda una organización, al margen de los criterios de la Dirección: por lo que habrá que contar con ella en la ciencia del management, como descubrió Elton Mayo en sus famosas investigaciones en la Western Electric en 1923, si queremos que nuestras empresas o grupos de trabajo funcionen de acuerdo a objetivos.

En el caso de Malik, pronto descubre que el poder "de facto" o "poder de influencia" en la prisión lo detenta un grupo de mafiosos corsos frente al colectivo mayoritariamente árabe, y cuyo líder-capo es César Luciani. En una de esas extrañas paradojas del alma humana- a menudo más compleja de lo que solemos pensar- Luciani ejerce el poder coercitivo con elevado sadismo y, sin embargo, el poder de recompensa lo hace con admirable equidad.

El capo corso hace que, a un terrible precio, el joven Malik pueda ingresar en su grupo, pese a su origen magrebí. Es claro lo que ese "grupo informal" –la prisión no lo permite formalmente - otorga al individuo en el universo carcelario: seguridad, raíces sociales, compensación a la ingratitud de la vida en presidio, y colaboración a la hora de obtener unos objetivos económicos, en este caso tráfico de estupefacientes y juego. Como se ve, no muy distinto a lo que ocurre en nuestros grupos informales de trabajo dentro de un mismo departamento o unidad, más allá de las jerarquías preestablecidas. La diferencia es que Malik observa la trama social tejida y su estructura –para lo cual no hace falta ni leer ni escribir, pero sí una actitud inteligente de "saber mirar" - mientras que en nuestro caso a menudo vivimos de espalda a esa realidad imperceptible pero que puede echar abajo el proyecto más ambicioso o arruinar el clima sociolaboral de nuestra organización, por ejemplo.

Y como ocurre en cada empresa, el grupo corso en cuestión establece sus códigos de comportamiento, valores (en este caso disvalores también), patrones y normas. Malik se empapa de ellos y los cumple a rajatabla: incluso, se molesta en aprender una lengua en apariencia inútil como el corso, que le será más delante de gran utilidad. Es por ello toda esta parte de la película un prodigio de inmersión cultural y organizacional en estos tiempos de globalización. Pero a poco que reparemos en ello, más que de inmersión deberíamos hablar de "injerto", pues el grupo permite a su vez que este nuevo miembro árabe aporte su "know how" y destrezas no contempladas hasta entonces: hay pues un enriquecimiento mutuo dotado de feed-back donde los corsos se fortalecen y Malik se refuerza. De ahí su invulnerabilidad.

Liderazgo y lealtad: el gran dilema
Pero junto a todo ello, la película aborda otro problema formidable muy ligado a al ejercicio del poder en la empresa ¿Qué hacer cuando tu jefe – el capo Luciani en este caso- pierde la credibilidad, y su poder se ejerce contra los principios mismos del grupo? La reflexión de Malik en la película es sumamente interesante y de resonancias muy shakesperianas: es la credibilidad la que en origen otorga la legitimidad del cargo y no a la inversa. Esto es, si no hay coherencia entre el "decir" y el "hacer" el colaborador no tiene deber de acatar sus instrucciones, más bien lo contario. El entronque sutil que hace el director con Ricardo III y Julio César me parece evidente. Y su grave actualidad en nuestra realidad empresarial, también: las investigaciones demuestran que los profesionales que cambian de trabajo no lo hacen tanto por insuficiencias de su empresa, sino por incoherencias e incapacidades de su jefe directo. El poder sin credibilidad personal se torna así, paradójicamente, en impotencia, que resulta su polo opuesto. Impotencia para retener talentos extraordinarios, por ejemplo, como el de Malik en la película. Y solo queda entonces el poder sin poderío tras haber demolido grupos informales de trabajo de gran efectividad. Como en la película. ¿Nos suena? Ahí reside gran parte del malestar actual en tantas empresas.

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