EL TÓPICO

Habría que...

Publicado el 08-03-2010 por Pilar Cambra.

La supervivencia, la vitalidad, la expansión de una empresa depende del esfuerzo de todos los que la componen… Pero se suele olvidar completar la frase: 'de todos… y de cada uno'.

Me lo comentaba un veterano y prestigioso asesor en recursos humanos: "Un trabajo de valoración del estado de la empresa, de sus carencias y necesidades, de sus errores y oportunidades suele comenzar por una pregunta tan sencilla que parece banal, incluso de risa: '¿qué tal van las cosas?'… Y hay una respuesta de los directivos a los que interrogo que siempre hace que me eche a temblar… Si empiezan con el 'hay que…' indeterminado y genérico, mal, muy mal… Y si usan el condicional, el 'habría que…', todavía peor: fatal… Esas contestaciones me indican que hay mucho río revuelto en el negocio y pocos o ningún pescador determinado a arremangarse las perneras del pantalón para calmar las aguas".

Siguiendo la pauta que practica mi amigo, el asesor, me he metido entre pecho y espalda las 32 páginas de vellón de las que consta el plan de recuperación económica que el Gobierno está proponiendo a los partidos políticos para llegar a un acuerdo/consenso/¡venga, vamos: todos a una, como Fuenteovejuna!"… Y, francamente, no me extraña un pelo el escepticismo que el tal documento ha suscitado en muchos. Porque el texto está trufado de esas expresiones/muletillas que ponen los pelos de punta y la mosca detrás de la oreja a mi amigo, el asesor… Se lleva la palma el "hay que…" –cuando he llegado al número siete de "hayques…", he dejado de contar–; tampoco resultan escasos los "es necesario…"; y, párrafo tras párrafo, nos encontramos con "necesitamos…", "es preciso…", "es conveniente…", "debemos…", "es fundamental…" y "es esencial…".

No digo que la propuesta del Gobierno esté huérfana de soluciones –que resulten efectivas o no es otro cantar y otra historia– … Lo que pasa es que me faltan pronombres en todos estos "hay que…" y "es necesario…": requiero de ·"nosotros", "vosotros", "ellos", "yo", "tú" para tener un mínimo de seguridad de que las acciones que se intenten emprender no quedarán en el limbo de los justos –o de los injustos– porque, con tanto "hay que…" por en medio, todo el mundo, todos los responsables de arrimar el hombro –los dos hombros– se empiecen a pasar la pelota unos a otros: "eso te toca a ti", "¡que no, que es tuyo!"…

Y va y resulta que la prevención y el torcer el morro de mi amigo, el asesor, y de mí misma tienen idéntico origen: la inveterada experiencia familiar… Cuando en cualquier reunión doméstica se escuchan expresiones del tipo "en esta casa habría que poner un candado en la nevera porque aquí todo el mundo abre y saca y come lo que quiere, cuando le da la gana"; o "habría que avisar al fontanero porque el grifo del cuarto de baño de los niños lleva goteando desde hace meses y no es una tontería la cantidad de agua perdida que estamos pagando"; o "esa bombilla del salón lleva fundida dos semanas… Habría que cambiarla, ¿no?"; o "tendríamos que proponernos menos horas de tele y de internet", me apuesto la uña del dedo meñique a que la nevera seguirá siendo el puerto de Arrebatacapas, a que el pobre grifo goteará, a que nadie colocará una bombilla nueva en el salón y a que los horarios de visionado de la tele y de estado catatónico ante el ordenador permanecerán manga por hombro por los siglos de los siglos. Amén.

En la empresa pasa lo mismo… Porque si muchos sicólogos y sociólogos afirman que la peor violencia en la que se gesta y se desata en el grupo –el individuo sólo sería incapaz de cometer las salvajadas que lleva a cabo la pandilla–, bien puede asegurarse que la pereza, la gran pereza, el perezón y hasta la irresponsabilidad crecen exponencialmente con los "hay que…" y los "habría que…" que se dirigen a todos, a la colectividad de 'currantes'… Hasta los más diligentes sienten la tentación de escurrir el bulto, de pasar del marrón, de llamarse andana cuando los encargos, las responsabilidades no son nominativos, personales e intransferibles.

Claro que asignarme a mí, a ti, a él, a nosotros, a vosotros o a ellos esto y no otra cosa, esa misión y no aquella, esta labor y no la de más allá, exige un esfuerzo por parte de los que mandan. Un trabajo difícil que impone emparejar a cada cual –persona o equipo– con el trabajo para el que está más capacitado, con la tarea en la que ha demostrado sobradamente más eficacia… Y ello significa conocer a la perfección a cada persona y cada tarea; implica saber quién es quién, qué ha hecho, qué es capaz de hacer y porqué tal profesional fracasó en determinado empeño y, en cambio, cuando se le dio una nueva oportunidad en un terreno distinto, su triunfo fue de salida en hombros.

Así que, para sacudirse la maldición de ineficacia que anuncian los "habría que…" tenemos que ser diligentes en la elección de pronombres: "yo tengo que… Tú tienes que… Él tiene que…" Y, enseguida, que mis manos, tus manos y sus manos se pongan a la obra.

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